0 visualizaciones
Mi zorrita me arrastró al love hotel, toda ansiosa por demostrar su devoción. Se quitó todo hasta quedarse solo con su sonrisa de puta, luego se inclinó sobre esa silla de cañón, culo al aire y lista. Agarré un plátano de la mesita de noche—su juguete favorito—y lo metí bien hondo en su coño mientras gemía como la perra que es. La silla crujía con cada embestida mientras la follaba por detrás, sus jugos chorreando por el plástico. Suplicaba por más, así que saqué el plátano de un tirón y le metí la polla, llenándole el agujero apretado hasta que se corrió gritando. Esa puta entregada aguantó cada centímetro como una campeona.
hace 5 horas










