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Esa piel pálida, tan blanca que casi brilla bajo la luz tenue. La hija seca del padrino, una pieza de porcelana esperando a ser quebrada. Su cuerpo es un lienzo de inocencia, pero sus ojos cuentan otra historia: un hambre que solo un verdadero degenerado puede saciar. Quiero pasar mi lengua por la curva de su cuello, saborear la sal de su piel, sentirla temblar mientras susurro promesas sucias en su oído. Es tan frágil, pero hay una sensualidad cruda que grita por una mano dura. Le abriría las piernas y vería su blancura contrastar contra las sábanas oscuras, sus gemidos llenando la habitación mientras tomo lo que es mío. La forma en que sus caderas se arquean, suplicándolo, me vuelve loco. Es un sucio secretito, y soy el único que sabe cómo desbloquear su depravación.
hace 1 día























